Roger Velàzquez

Las luces de la oscuridad. No existen dos palabras que definan mejor la mística del vino como “tiempo” y “silencio”. Se podría afirmar que son los apellidos del vino. El tiempo para ver crecer la cepa y el tiempo que el vino necesita para envejecer en los eslabones de los años. Silencio instalado siempre en el paisaje de la viña y silencio obligatorio para no despertar el vino en la bodega. A estas dos palabras tan trascendentales hay que añadir “oscuridad”, verdadero oxígeno en la vida de un vino. También la oscuridad nocturna  imprescindible para el reposo vegetativo de la viña después del ajetreo diurno de la fotosíntesis.     José Peñín


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